-¿Eres feliz? - Fue lo primero que escuché tras abrir los ojos. Me di la vuelta y me encontré con esa mirada penetrante que me había hecho volver a sonreír de nuevo. Los ojos más bonitos y profundos que jamás había visto. En ese momento supe que estaba en el lugar perfecto, el lugar donde quería estar a pesar de las consecuencias que ello tendría en mi vida - No puedo serlo más Mario, dije mientras le acariciaba el rostro sin apartar la mirada un segundo de sus enormes ojos. - Yo creo que si que puedes serlo, cariño. -¿Ah,si?- Tú solo déjate llevar, no pienses en nada más que no sea tú y yo, del resto ya me ocupo yo. Tan sólo tienes que confiar en mí y por una vez deja descansar esa cabecita loca que tienes -.
Lo miré desde la cama con una mirada de recelo, pero sin poder dejar de sonreír... Pues si de algo estaba segura es de que iría con ese loco al fin del mundo.
Encendió la chimenea y apagó la luz. Se acercó a mi y, con gran delicadeza deslizó sus manos por todo mi cuerpo. Me besó con ternura pero intensamente, mientras me miraba con ojos maliciosos. Su respiración era entrecortada y la mía agitada por la emoción. - Laura, cariño, dijo estremeciendo todo mi cuerpo. - Quiero esto todos los días, quiero despertarme contigo cada mañana y quiero que tus ojos sea lo último que vea al acostarme. Quiero hacerte la mujer más feliz del mundo, quiero empaparme de ti el resto de mi vida, besarte hasta que me digas basta, hacerte el amor cada día y soñar contigo aunque te tenga a mi lado. Quiero que tus problemas sean los mios, tus miedos, tus alegrías. Quiero todo contigo, mi amor, y lo quiero siempre -.
Una lágrima empezó a caer por mi mejilla. Nunca antes me habían dicho algo tan precioso y sincero. Sabía que era el amor de mi vida, el mismo que no había dejado de acariciarme ni un solo segundo mientras me hacía la declaración más bonita del mundo. El mismo por el que lo daría todo con los ojos cerrados.
Fui a decir algo cuando puso un dedo sobre mis labios - Chsss, no digas nada, solo bésame -.
Y con la respiración entrecortada los dos empezamos a devorarnos, a amarnos. No hicieron falta palabras, las miradas hicieron el resto.
Y sí, puedo decir que todavía soy más feliz.